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¿Qué abordamos?

Todos experimentamos algún tipo de dificultad a lo largo de nuestra vida. Lógicamente, estas varían en su intensidad, tipo e interferencia en nuestras actividades cotidianas. Uno de los propósitos de nuestro trabajo es, precisamente, evaluar estos aspectos y decidir cuáles de ellos queremos trabajar para modificarlos, cambiarlos o atenuarlos, en la medida del interés de la persona y sus posibilidades actuales.

Algunos de ellos pueden ser:

  • Tristeza. 
  • Preocupación.
  • Miedo.
  • Ideas, mensajes, voces que no puedo compartir con quienes me rodean.
  • Inseguridad.
  • Muchas ganas de hacer algo continuamente y que interfiere en mi vida.
  • Me ocurrió algo que no me deja en paz, y que recuerdo a menudo y me causa malestar.
  • Cuando hay días en los que me encuentro muy animado, y otros en cambio muy bajo de ánimo.
  • Siento que cuesta mucho o es casi imposible estar sin otra persona.
  • La gente que me rodea me dicen que pareciera que no me importase su vida.
  • Me resulta muy difícil salir de casa, preferiría no hacerlo casi nunca.
  • Siento que los demás no son de fiar.
  • Me encuentro muy nervioso, me cuesta estar tranquilo, siento inquietud a menudo.
Estos son sólo ejemplos de situaciones que pueden (y no siempre) ser motivo de preocupación, malestar, sufrimiento. Si ese es el caso, y te identificas con alguno de ellos entonces conviene explorarlas y decidir la conveniencia de un proceso terapéutico.

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